El primer Plé de la Alcaldesa, nos dejó señales de cambio.
La señal más notoria nos la dio, la no presencia del exalcalde, mas sí tenemos en cuenta, el nombramiento de la Encarna. Por un lado el mosqueo con la Alcaldesa, y por otro la ardua preparación de su comparecencia a la comisión del caso Millet, le impidió acompañar a su compañera, que siempre le ha apoyado. De todas maneras podemos aventurar que el Plé no le hubiera gustado.
Hubo más señales significativas, la fusión fría del AIA con el PSC, parece perder fuerza. El García llega tarde, se va pronto, busca complicidades con el otro Teniente de Alcalde y se le ve equidistante de la Alcaldesa.
Otra señal fue el reforzamiento público de Baldo, recuperando Medio Ambiente, de momento, restándole peso al AIA en favor del PSC.
La señal más curiosa, nos la mostró, la más joven de los regidores, está pasando un mal momento político, que le hace perder plano. Se pasó todo el Pleno escribiendo, como si la hubieran castigado en copiar 1000 veces “No hablaré en los Plenos”.
La señal más desagradable nos la proporcionó el exdelfin, no pierde oportunidad de escenificar, que en tres años no ha aprendido nada de política y que el Ayuntamiento no es la telefónica. Un segundo de lista de un partido de izquierdas, no puede ningunear a un representante electo, saltándose el reglamento que el mismo ha aprobado y se ha hecho a su medida, parece ser que se colapsa con las instancias.
Quien no da señales es el Salva, para él no ha cambiado nada, sigue en otro mundo, algún día explicará cual es.
Pero la gran señal, nos la está dando la Alcaldesa, con todo éste panorama, se ha puesto en los fogones y está cocinando a fuego lento un puchero con muchos ingredientes, todos no son de igual calidad, algunos son restos de platos, otros llevan días en la nevera y han perdido color, pero lo adereza con alguna especie personal y parece que lo hace con cariño, tiene la receta escondida pero se le entiende todo. La duda es sí llegará a las elecciones con el hervor suficiente, Sería una lastima que desde su misma cocina le bajaran los fuegos, o desde la compañía le cortaran el gas, y tuviera que servir el plato inacabado, porque pinta bien. La suerte que tiene, es que los cocineros de la competencia, todavía no han puesto el agua en la olla.